Muchas telenovelas plasman la violencia machista

El debate moral reside en los valores que los guionistas presentan a la audiencia

40 víctimas mortales por violencia de género marcaron 2016. La cultura en la televisión es esencial para la educación en igualdad de las audiencias. Pero aún existen canales dedicados exclusivamente a mujeres donde sólo ofrecen melodramas. Los contenidos estereotipados cuestionan la ética mediática. ¿Se debe confinar lo irreal o deben seguir aprobándose los micromachismos ficticios?

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El 21 de octubre de 2003, Antena3 comenzó a emitir Pasión de Gavilanes. En su sobremesa cabían 2,4 millones de espectadores de media. A nivel mundial, 38 países. Sin embargo, desde el primer capítulo, destaca la fuerza del personaje masculino frente al femenino. En los primeros minutos, Óscar Reyes acusa a su hermana Libia de ser “una cualquiera” por flirtear con un hombre. A continuación, aparece ella dejándose seducir por una persona bastante mayor. La ira interpretada por Juan Alfonso Baptista pudo confundir a algunos espectadores: ¿verdaderamente ella necesitaba tener a su lado a un hombre que la proteja y reprehenda por sus errores?

Francisco Torres Aguilera, en su obra Telenovelas, Televisión y Comunicación, sentencia que “este tipo de novelas presenta la lucha de la mujer en un mundo lleno de convencionalismos”. Expone el caso de Pamela (1740), dirigida por Samuel Richardson, donde “una linda chica trabajadora, tras ser asediada por un hombre, logra casarse con el hijo del patrón y así mejora su situación.” Sobre la imagen, destaca el empleo de actrices atractivas cuya labor interpretativa se reduce a ser ama de casa. Al papel masculino se le atribuye la situación financiera del hogar, lo que fomenta su rol dominante.

El enclave hispanoamericano es una potencia productora de telenovelas. En España existe una amplia importación de estos productos. El claro ejemplo de ello es el canal de televisión Nova, perteneciente al grupo Atresmedia. Su público objetivo es el femenino. Los horarios de máxima audiencia coinciden con la sobremesa y la tarde, o sea, cuando ofrecen melodramas. El problema se halla en sistematizar la violencia machista que introducen. ¿Se incluye por requisitos del canal o por atraer audiencias?

De ahí surge otra controversia: ¿es necesario un mayor control de las franjas horarias de emisión?

 

El ente artístico


En la televisión se incluye el concepto de ‘estética’, más allá de lo que entendemos por bello y bueno. La estética como algo meramente visual es un dilema teórico. Los medios de comunicación, al ofrecer entretenimiento, deben entender que cualquier mensaje se lanza a una sociedad alterable. Ergo provocan reacciones que pueden no ser beneficiosas según las connotaciones del mensaje expuesto.

Telesforo Rodríguez, director de Zálatta Teatros con sede en La Laguna, considera que el problema no reside en las obras en sí sino en los horarios programados para emitirlas. “El escándalo que puede producir una corrida de toros a las cuatro de la tarde no es tanta como la emisión de contenidos con sexo y violencia al unísono”, piensa. A diferencia de Rodríguez, Gregorio González, director de Teatroscopia en la Universidad de La Laguna, resalta que “los personajes de ficción pueden convertirse en modelos a seguir”. Resalta la responsabilidad de los guionistas afirmando que si tenemos en cuenta la admiración que los actores y actrices suelen promover, sus acciones pueden ser interiorizadas. Bajo su punto de vista, lleva implícito un riesgo: que la televisión incentive la desigualdad en la realidad.

¿Entretenimiento o publicidad?


La violencia es uno de los elementos de diversos formatos televisivos. Desde las telenovelas hasta los debates de sobremesa y programas de papel cuché, la exposición a ellos consume contenidos de impacto. El espectador se sienta en el sofá, conocedor del contexto violento, y realiza su interpretación particular. Pero los límites entre el bien y el mal se dispersan. Estos habitúan a ofrecer confrontaciones como algo cotidiano e indispensable para resolver todo tipo de conflictos, sin un diálogo pacifista. El culebrón se convierte en un amplio y complejo spot publicitario en el momento en que muestra que, a través de la sumisión y la obediencia, se consigue el éxtasis inmortal del enamoramiento. “Evidentemente es un producto: se emite porque es atractivo para la gente”, reflexiona González. Rodríguez delibera que “la espectadora proyecta su situación amorosa en los modelos femeninos expuestos”.

Ana Vigo es graduada en Comunicación Audiovisual y trabaja en Mediaraven, un medio de Gante (Bélgica). Para ella, la responsabilidad recae en quien consume estos contenidos. “Las personas no son esponjas. Todo lo que les llega es filtrado por su experiencia vital, por su bagaje”, asegura.

La música, a debate


 

¿Quién no recuerda la sintonía de Pasión de Gavilanes? El inconsciente humano ligado a nuestra memoria nos hace tararear su estrofa más celebre: “¿Quién es ese hombre, que me mira y me desnuda?”, continuando “me hace sentir mujer”. Con un 61.1% de share, eran líderes de audiencia. Esto permitió a la producción de Julio Jiménez lanzar un CD. Al igual que las escenas de violencia machista, este contenido artístico fue consumido por la inmensa mayoría. Pero, ¿alguien se planteó las connotaciones de las letras mientras sonaban?

Tal vez no estemos preparados para distinguir lo que es arte de la música de lo que no lo es. Esta canción generó la misma discusión que el que se inició hace unos meses con el tema Cuatro Babys de Maluma. En ambas canciones, representan al hombre como dueño de Venus. En la serie colombiana, el letrista de la banda sonora aporta la visión de la mujer como objeto que satisface el deseo varonil. Los espectadores la escucharon más de 188 capítulos. Pero no se pararon a desgranar las denotaciones: sólo buscan distraerse.

La solución


Los guionistas pueden tener un punto de vista “androcéntrico”. Viene definido por el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) como la ‘visión del mundo y de las relaciones sociales centrada en el punto de vista masculino’. Una de las personas en relacionar este término con la emisión de este tipo de contenidos fue Marcela Lagarde. “La mirada con la que las industrias mediáticas construyen la realidad hasta hoy ha sido la mirada androcéntrica; no está demostrado que sea mejor ni peor que otra, sólo nos afirma que se ha realizado desde quien ha detentado tradicionalmente el poder”, expone la investigadora mexicana.

A Ana Vigo le preocupa que lo solvente sea desaprobar su emisión. Asevera que sería peor el remedio que la enfermedad, “ya no solo por el respeto al intelecto de los guionistas, sino porque invisibilizar un problema nunca ayuda a solucionarlo”. Al igual que la especialista en Comunicación Audiovisual, el director de Teatroscopia opina que “un boicot directo podría generar rechazo por parte de sus consumidores e incitarles a aferrarse a ellas como defensa”. Ambos están de acuerdo en distinguir qué es ficción y que, por ende, las actitudes y conductas de sus protagonistas no corresponden con la realidad. Si bien la controversia no presenta solvencia unilateral, el denominador común de los especialistas es la educación de los espectadores.

El Apio: una playa en secreto

  • Un enclave virgen en Tenerife donde se asientan los recuerdos de diversas familias

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Se regala. Zona privilegiada. Dos kilómetros de costa placentera. Bastante luminoso. Aislada de la Isla, cuenta con varias piscinas naturales y profundidades para sumergirse a explorarlas. Condiciones especiales para los amantes del ocaso. Servicio compuesto por el Sol, el mar y la soledad.

El Apio no destaca por la cantidad de chiringuitos donde puedes comer o beber. Tampoco es rica en equipamientos como duchas o papeleras. Sin embargo, cuando te asomas desde la cima de su ladera aciertas su diferencia respecto al resto de playas. Su litoral es rocoso debido a su origen volcánico y carácter insular. Una parte de él queda bañado por arena blanca y fina, desplazada por el mar desde sus entrañas oceánicas. El camino está colmado de tarajales, piteras y cañaverales al igual que sucede en los litorales limítrofes. Una amalgama de gris, verde, azul y blanco que atrae al disfrute de este rincón conservado por los individuos año tras año.

Esta ribera hizo que muchas familias del pueblo tuvieran su segunda residencia en ella. Existen varias chozas, construcciones rústicas a partir de materiales reciclados, principalmente de madera. En contraposición, se acentúa la presencia de varias casas de tres pisos al lado del pequeño arenal. Concepción Rivero, natural del pueblo, es una de las protagonistas de las diversas historias que han pasado por esta orilla. Lleva a su espalda más de 55 años cobijándose en la costa. Recuerda que su “caseta era pequeña. Por la noche, cogíamos hojas de palmera y sábanas para dormir. No teníamos mesas pero, poco a poco, la ampliamos y conseguimos mayor comodidad”.

“Le pueden llevar a playas, hoteles incluso a otras islas, que a él lo que le gusta es El Apio […] baja con móvil pero se desconecta de él.”

Apenas tenía 9 años cuando le llevaba el almuerzo al trabajo de su padre en El Apio. En un fogón improvisado y práctico, su familia asaba el pescado recogido. Al llegar su adolescencia bajaba con Juan Barbuzano, su marido, y después con sus hijos. Él trabajó en una finca cercana, razón por la que se instalaron allí.  “Mis hijos subían solitos todos los días hasta el colegio Lope de Guerra”, añade. La víspera del comienzo de clases suponía su viaje de vuelta a lo poblado. Es un esfuerzo formidable el subir y bajar esta ladera varias veces.“Era bonito hasta un cierto punto por el cansancio”, cuenta.

Recuerdos inmortales


Esta playa tiene el poder de generar instantes que nunca caerán en el olvido. El silencio hace que te despojes de tus defectos aparentes para disfrutar de los buenos momentos. El Apio hace que quien lo visite cuente alguna historia a sus amigos. Al igual que Concepción Rivero, quien se amistó con unas monjas que iban a este enclave. El recato ganó la batalla a la libertad y las siervas del Señor sólo mostraban los tobillos para remojar sus pies. Por eso ese charco hoy se conoce como el charco Las Monjas. En el mismo orden, los encuentros familiares son imborrables. Desde cumpleaños hasta fiestas locales, al lugar bajaba toda la gente del pueblo. “Llevaban el zurrón del gofio, pescados, vino y uvas” y así pasaban el día.

Por ello, es innegable la herencia inmaterial que tanto Concepción Rivero como Juan Barbuzano dejaron a sus nietos. Un rincón alejado de sobrerreservas hoteleras, de cobertura y de wi-fi y del combate por acomodar la sombrilla en el mismo punto que otra. La tradición por bajar a esta playa secreta va de generación en generación. “Mi nieto, Daniel, lleva las raíces de su abuelo. Aprendió los gajes de la mar desde chiquitito”. Su abuela confiesa  que “le pueden llevar a playas, hoteles incluso a otras islas, que a él lo que le gusta es El Apio […] baja con móvil pero se desconecta de él.”

Su nieto José, quien ahora tiene 20 años, observó la humildad de sus abuelos. Con una playa llena de atardeceres todos los días se puede vivir más feliz que en una ciudad con mucho ruido y poco mar como Madrid. “No suelo decir donde está para evitar que llegue un montón de gente que destroce una de las playas a las que más me gusta ir”. Para él, El Apio es un secreto inconfesable para vándalos o personas descuidadas de lo que les rodea. “El silencio que te proporciona no lo puedes encontrar en Los Cristianos y eso es una riqueza”, opina igual que su abuela, quien ahora teme más que antes su deterioro por parte de la mano humana.

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Al fondo, La Barranquera

De ahí que quieran guardar con sigilo este paraje singular. El turismo de masas no es bienvenido de la misma manera por todos. La globalización ha logrado que, al igual que muchas identidades culturales, se pierdan las excepciones. Con ello, emergen nuevas necesidades y ofertas a las que antaño se decía que no. En este caso, El Apio es una oferta con misterio. Sólo quien sepa dar con el mapa de su localización tendrá un tesoro permanente. Pero que deberá guardar permanentemente bajo llave.

La denuncia sin eco

 

Tras disfrutar del Rally Isla de Tenerife en Arico, subir al Teide completaría un sábado productivo. No sólo por dar un ameno paseo por las reliquias paisajísticas que nos ofrece este Patrimonio de la Humanidad. Quería comprobar que los responsables del Parque habían actuado con profesionalidad. Quería comprobar la desaparición de dicho vertedero. Llámalo ojo periodístico o intuición. Al fin y al cabo sabía que esta entrada nacería. Nacería por la ignorancia. Un visto y no visto. Una noticia que, a pesar de acaparar varias portadas de periódicos, la olvidamos. La olvidamos y no nos paramos a pensar en ella. Igual de olvidados están los enseres que quedan en la ruta nº16 del Sanatorio. Pero que hoy me atrevo a devolver a la res pública.

Caminamos de veinte minutos a media hora hasta dar con las llamadas Casas del Sanatorio. Un conjunto de edificaciones dentro del corazón del grandioso núcleo de Tenerife. A la derecha, parece que estas viviendas están abandonadas. Investigando e investigando, encontramos un cuarto con una puerta de metal verde. Estaba cerrada por un conjunto de rocas. Solo un filo de luz nos permite comprobar que dentro hay un montón de residuos. Lo que nos hizo pensar que solo era la punta del iceberg. Tras caminar al lado de las limitaciones del terreno, nos sorprende algo no tan sorprendente. Estaba ahí. La réplica eco no hizo eco.

A mi me duele. Me duele que muchos senderistas tengamos que ver estas atrocidades. Y aguantar con ellas. Porque parece que los organismos aunque digan que sí, que de veras se preocupan por ello; no actúan con responsabilidad. Las denuncias públicas parecen no afectar a las personas competentes en  esta materia medioambiental. Ni a las principales instituciones. Ni incluso a muchos lectores, isleños como nosotros. En las primeras noticias que informaban del tema se dijo que no se podía hacer nada, que las casas eran de propiedad privada, de dudosa propiedad privada. Y lo que no me quedo claro fue: ¿hace falta demoler moradas para recoger los desechos? No creo que nadie demande su retirada. Se toman medidas como multas pero no se adoptan otras como la recogida, que NO CUESTA NADA.

Pero a mi si me afecta. Y no estoy sola. Hay miles de tinerfeños que disfrutamos de lo que nos ofrece la Isla. Y miles de turistas también. Fuera del ocio capitalista al que nos han acostumbrado. Fuera del argumento “eso es solo un trozo de plástico” o “por una botella no contaminamos nada”.  A parte de la CONTAMINACIÓN, dentro está el EGOÍSMO. ¿Porque no te guste caminar, vislumbrar nuevos rincones, tienes que molestarnos a los que si? A parte de reliquias, continúa la basura. Continúa el egoísmo contaminante afectando al caminante.

 

Un vertedero ilegal en pleno Parque Nacional

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Fuente: El Día

 

Hoy, el periódico tinerfeño El Día se ha echo de una llamada de S.O.S. de un senderista que solía transitar el sendero número 16 del Parque Nacional. Raúl Sánchez, periodista del medio local, explicó que las cosas allá arriba no se están haciendo del todo bien. Una parcela de este Patrimonio de la Humanidad, célula viva en las entrañas de nosotros, los tinerfeños; ha sido usada a modo vertedero. Es para alertarse. la cantidad de enseres, plásticos, papel y demás familiares que acertó el año pasado era mucho menor que la encontrada nueve meses después.

Las Casas del Sanatorio, edificadas desde el siglo XX, son partícipes de este delito paisajístico. No encuentro otro adjetivo para calificarlo. Delito. Muchos de nosotros amamos nuestra tierra, nuestros senderos, nuestro Teide. Lamentable. Así es como se define este tipo de acciones que no las produce el viento. Los “humanos”. Ese ser que, a veces, no valora lo que tiene hasta que lo pierde. La noticia nos aporta el testimonio del director del Parque, Manuel Durbán. Se lo piensa dos veces. ¿La basura o proteger lo que legalmente se ha de proteger? La Opinión de Tenerife, el 22 de febrero de 2015, publica “El sanatorio fantasma del Teide”. Vuelve a intervenir el responsable en el terreno. E igual que ese “vertedero” hace un año que sigue en el mismo lugar, la situación en cuanto a la expropiación o demolición de esta zona permanece en el aire.

Ergo nos arriesgamos a tantas cosas. Nos arriesgamos a un “no disfrutar de uno de los atractivos de la Isla”. Un “no” de la inversión turística  quien nos ayuda a tener una mejor calidad en los equipamientos -recordemos que es un imprescindible de la economía regional-. A reconocimientos internacionales. Será el “no” al espectacular camino que nos abre el pico más alto de España.

Enlace a la noticia: Denuncian un vertedero ilegal en pleno Parque Nacional del Teide – Raúl Sánchez, El Día