¡Qué bonito carmesí!

  • La Montaña Roja pertenece al Médano. Es reserva natural especial y área de sensibilidad ecológica desde diciembre de 1994

Las montañas, como la vida misma, tienen sus subidas y bajadas. Y si hay una vía que te haga más tolerable la pendiente, mejor que mejor. Así es como pensé antes del ascenso Montaña Roja, que separa la playa de La Tejita del Médano (Granadilla de Abona).

Antes de salir de casa, mi madre me aconsejó : “unas cholitas te quedan mejor”. Ella no sabía a dónde iba. “¡A enriscarse!”, dice mi padre cuando acertó dónde fui. Pero para andar por la vida y no dejarte los pies, pisando piedras cual guanche, mejor cálzate unos tenis. Y tiras pa’lante. En este caso, hacia la ‘s’ de tu brújula -si aún la usas- o de tu Google Maps.

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Al principio del sendero me vi muy pequeña para tan alta cima. Te quitas el valor que tienes en realidad. Desde abajo meditas sobre tu capacidad física -y mental si eres perezoso. ¡Cómo, yo, ser humano, voy a llegar hasta ese mirador que vigila desde lo alto! Hay que dejar de ser humano. Debemos afrontar las cimas por muy inalcanzables que se nos presenten. Botellita de agua, gafas de sol. ¡Arriba!. Me armé de ese coraje y encaramé este pequeño gigante. Había llevado a mi chico desde el norte hasta aquí para trepar semejante cono volcánico; no le iba a defraudar. Tener alguien así, a mi lado, que comparta tantos ascensos y descensos es, cuanto menos, valioso.

El sendero es superfácil. La Montaña tiene una altura de 171 metros. Es el punto más alto de la zona. Pero no por ello es arduo. Cuando descendíamos, vimos niños subir junto a una mujer en bikini. Si, si. ¡En bikini! El que te hará falta luego para darte un chapuzón refrescante. Por lo que puedes subir en traje si quieres. Aunque los roces en tus muslos convivan un par de días. Las pocas curvas salvan la altitud del bermejo.

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El galardón es inmaterial. Tus pies, desconectados de ti. Y tú desconectas de ellos, de tus manos, de tus oídos. Sólo hace falta la vista. Unos ojos que te vocifean que vives en una Isla maravillosa. Sin mar no soy nada; en mis paisajes he de tenerlo. Y si estoy en la cúspide, entre dos corrientes marinas, me quedo amordaza por su dádiva. Es indescriptible la sensación de calma y contacto con Tenerife. El domingo, a nuestro favor, no había mucha gente.Es muy satisfactorio el deleite. También observamos varios aviones despegar y llegar. El aeropuerto Reina Sofía está justo enfrente.

Estas piedras carmesí te harán gritar que eres quien reina el mundo. Aún más fuerte y natural que Di Caprio. Porque, insisto, no necesitamos de una gran ciudad donde compremos hasta la saciedad para sentirnos satisfechos. Solo hace falta conocer las entrañas dónde procedes. Y disfrutarlas.

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Arco con capricho

En mi hoja de ruta van distintos destinos. Aunque no pueda conseguir un billete de avión para irme al edén griego o a la inmensidad del Gran Cañón, vivo en una isla con caprichos como paisaje

Esta vez les acompaño a un rincón que era inexistente para mí hasta hace unos meses. Tajao. Me olía mucho a PIRS y playa. Pero no. Por muy generales que nos puedan parecer los lugares siempre habrá algo que nos haga recordarlo con peculiaridad y cariño. En esta ocasión, me vi sorprendida por una estructura rocosa de toba volcánica. 30 metros de largo y 10 de alto.  La vegetación es natural del clima seco que existe en la Isla.

Además, es un lugar que por su situación geográfica no está lleno de gente si buscas algo tranquilo pero con un pequeño toque de aventura. Lo malo, por así decirlo, es que aún no cuenta con protección administrativa. Esto se debería tener en cuenta por parte del Ayuntamiento de Arico o de las entidades competentes. Si no protegemos lo nuestro nadie lo hará y algún día no estará. Igual que en la vida: nunca se sabe lo que se tiene hasta que se pierde.

Desde atrás, delante, arriba, abajo…Las fotos que (te) saques serán impresionantes desde cualquier perspectiva. Aunque el punto de vista con que lo mires, tu retina, debe ser la mejor cámara que utilices. Es lo que me enseña mi compañero de viaje cuando me ve sacarme miles de fotos intentando capturar cada pequeño y gran detalle, a mi paso.

Bueno, al grano. El arco de Tajao no es un lugar para perderse, literalmente hablando. Es muy fácil de acceder asi que no hay excusas para no ir. Hay que ir a pie pero, tranquil@, apenas son unos pocos metros desde donde aparcas el coche. Puedes llevar a tu abuelo o a tu hija que el camino lo permite. Para llegar, con dirección Aeropuerto Sur, te desvías por la salida 46 de la autopista. A continuación, sigue los carteles  y vete hacia San Miguel de Tajao – La Caleta, hacia la derecha -sino acabarás entre gaviotas. Ahora, sigues hacia abajo y aparece un cartel que dirige hacia La Jaca – La Listada. No seas como yo y no le hagas caso. Sigues recto hasta que, a tu izquierda, ves una especie de chiringuito olvidado con espacio amplio para aparcar. No obstante, si continúas un poco -solo un poco, eh- de frente, en la misma línea, hay zonas donde puedes hacerlo. Desde que mires un poco hacia abajo sobre las montañas a tus pies, habrás dado con este inquieto rincón.

UBICACIÓN EN GOOGLE MAPS:

Captura

El Hierro: pequeño bálsamo

El Hierro. Cada canario y canaria y, en general, toda aquella persona que afortudanamente la conozca, piensa en la isla mas pequeña del archipiélago afortunado, Canarias. “Los mejores perfumes vienen en frascos pequeños” suelen decir.

El anterior verano conocí las entrañas de la isla más occidental, meridional y añorable de las Islas. En mi caso, llegué y me fui de ella en barco. El pequeño Puerto de la Estaca te da la bienvenida. Me alojé en Frontera, al noroeste de El Hierro. Justo a pocos minutos teníamos la playa. Precisamente, el conocido como Charco Azul. Este se construye sobre una formación subterránea, debajo de una cueva. Era impresionante el efecto cristalino que tenía el agua. Un lugar escondido, bien equipado como el resto de las playas, donde puedes darte un chapuzón y disfrutar de los caprichos de la lava. El primer túnel que pasé hacia Frontera, desde el puerto, era interminable. Nunca había visto uno tan largo con tanto misterio. Hablo del túnel de Los Roquillos.

Pero, lejos de narrar la cronología de mi viaje, hubieron sitios que verdaderamente me dejaron con las ganas de regresar. Las playas y piscinas naturales -un factor MUY importante en mi planning- tenían carteles de madera que informaban sobre la toponimia, las condiciones de cada una. Pasarelas para discapacitados, barandillas  de madera, papeleras, puestos de socorrismo… Una lista infinita de instalaciones que acomodan al turista que las visita. Incluso algunas gozaban de asadores y mesas de piedra para todo aquel que quiera tener un inmejorable día de verano -o de sol, si se da el caso. Hablo de playas como Tamaduste, Tacorón, Timijiraque, La Caleta.

Adentremos en la montaña. Hoya del Morcillo es, sin duda, uno de las áreas recreativas más extensas y, al igual que en la costa, mejor equipadas en que he estado durante estos 19 años. Tuve una anécdota entrañable. La gente de El Hierro es, sin duda, amable. Había un guardabosques andando solo cuando llegamos. Enseguida se dirigió amablemente a darnos una completa y exhausta información sobre el lugar de su labor y la isla. Todo esto, sin haberlo pedido previamente. Una muestra de la grata amabilidad de la gente de la zona. Esta zona cuenta con un área de acampada -también extensa- con los suministros indispensables para pasar una noche a la intemperie. Si eres un amante del senderismo estás de suerte porque es amplia la gama de rutas y camina tas que se realizan sobre el terreno.

Las quesadillas… Me encanta este dulce. Está elaborado a base de queso, huevos, azúcar, anís de grano, harina, canela y limón. Las quesadillas son compradas principalemente, en el corazón de El Hierro, en Valverde. No obstante, en cualquier supermercado, aunque sea limitado su número, puedes adquirir este capricho para el paladar canario y extranjero.

Durante mi estancia en la isla no dejé de pensar en que las pequeñas cosas hay que valorarlas. Los vecinos y ayuntamientos de El Hierro han cuidado cada playa y lugar con infinito cariño y protección notable. A veces, en las grandes ciudades solo se piensa en ladrillos, dinero y edificios. Si hueles este pequeño perfume quedarás embriagado por su esencia. Aun más si eres un alma libre, que busca soledad y encontrar la felicidad en mamá Tierra.

Estas son algunas de las fotografías que tomé. Para mí fue mucho mas increíble las instantáneas captadas por mi retina. Espero que las disfruten y quieran adentrarse en una experiencia similar a la mía. No se quedarán a medias, se los aseguro.

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