No es grado para retrógrados

Justo antes de entrar en la carrera, pensaba en una forma diferente de educar a la que se daba en el instituto. Después de un par de años -literalmente hablando-, siento que dicha ilusión esperanzadora, a veces, se dosifica. Varias son las razones, detractoras de cómo los alumnos universitarios recibimos una formación muy básica y relativa; que circulan de boca a boca, en las redes sociales, en las aulas de cada facultad. ¡Hasta existen pintadas en contra de las formas en los baños de ellas!

Los profesores deciden usar las nuevas tecnologías, quedándose estancados en el contenido impartido. A nosotros, se nos intenta formar en base a lo que dicen los códigos deontológicos de cada profesión, de las teorías ancestrales, de hace muchísimo tiempo, acerca de las pautas a seguir en las futuras consultas médicas, gabinetes de prensa, bufetes de abogados, etc. Como si la novedad, lo actual, no existiera. ¿Acaso una praxis del siglo XIX es válida para la vigencia de una profesión? Si bien nos ayudan a entender los orígenes, deberían renovar y ajustar dichas tesis en el día a día en que viven los alumnos. Además, en el 99% de los casos, estas hipótesis son dogmas cuya validez es indudable. Los universitarios se forman, por lo tanto, como una masa con las mismas teorías y argot. Dan de lado a la creatividad para darle la mano a lo de siempre.

Otro de los errores a solventar es la unidireccionalidad. El discurso que imparte el docente mas disciplinario y estricto no nos permite debatir, abrir nuestra mente al conocimiento. La sucesión de palabras dictadas hace perder al alumnado estrechez con la tan deseada profesión. Nos hacen creer erróneamente que la rutina que encontraremos no nos harán jefes, sino trabajadores que deben adaptarse a lo que se les dicte, valga la redundancia. Parece que los estudiantes asisten a las clases universitarias como en un restaurante con menú predeterminado. El profesor, a modo de camarero, les sirve comida en forma de grandes textos y suculentas diapositivas que parecen no tener fin. Los universitarios deben digerirlos para después, llegados al examen final, lo saquen de si. Muy a nuestro pesar, esto no se retiene en nuestra memoria a largo plazo. ¿A qué no nos acordamos exactamente de lo que estudiamos y redactamos en las pruebas de acceso o las fórmulas algebraicas del último curso? ¿Y qué pasa con aquellos alumnos que no se les da nada bien memorizar pero que demuestran haber nacido para su labor? Vale, sacan bajas notas en comparación con los que si parecen haber guardado todo en su inventario. Pero tampoco es razón para darles peor nota que el que solo se sabe manejar en las pruebas escritas. Para mi , vale mas el primero: su esfuerzo y amor por la profesión es el doble.

¿Por qué el educando, por ejemplo, de Canarias, decide elegir Madrid a quedarse estudiando la misma carrera en su isla? Es otro de los pilares en los que me apoyo para mostrar lo flaqueado que se encuentra el sistema educativo a nivel autonómico. No debemos olvidar que las bases nacionales se alimentan de las regionales. Según los Indicadores Sintéticos del Sistema Universitario Español (ISSUE), realizado por la fundación BBVA, las dos mejores universidades del país son la Complutense de Madrid y la Universidad de Barcelona, con una nota por encima del 3’8 sobre 5. Así, la Universidad de La Laguna se encuentra con un 1’1 y, la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, con un 0’9. Podemos aceptar que la lejanía y la economía de cada comunidad autónoma es un factor que hace que no se tengan ni los mismos materiales ni se cuente con conferencias o ruedas de prensa, por ejemplo, de políticos nacionales como Rubalcaba o de grandes del periodismo como es Elsa Gonzalez, y así en cada sector profesional. El sistema educativo debe ser universal para todas las comunidades autónomas. Es decir, necesitamos que las asignaturas que se imparten a kilómetros de las nuestras sean las mismas para todas. Hoy dia, no podemos permitir que los canarios estemos menos especializados que los madrileños en la misma carrera. No se nos puede cargar con la economía que sufre cada región porque con una formación básica en dicha región, consiguen que continúe coja por no haber invertido en educación equitativamente.

Lo que siempre pedimos en septiembre y llega a casa por Navidad o Año Nuevo: las becas. En este caso, las becas que el Ministerio de Educación convoca sin previa atención a las necesidades de los estudiantes de la universidad. Si el curso comienza en septiembre, ¿por qué no abren el plazo previamente? Muchos son los estudiantes que se independizan ya sea por sus razones, pero se encuentran con las manos vacías y demandando abastecimiento a sus progenitores, cada nuevo curso del grado. El Ministerio se va de vacaciones y se olvida de ellos. Los que no se pueden permitir la compra de material y de bonos de transporte tienen que esperar hasta el nuevo cuatrimestre para hacerlo, con mayor facilidad y autonomía. Por lo que, suelen tener mas dificultades para empezar el curso. ¿De verdad, esto es invariableEntonces, ¿debería haber otro sistema educativo para la formación del futuro de la sociedad?

Afirmativamente responderé hasta que se torne en uno nuevo. El de ahora, pide a gritos una reestructuración -sin recortes, por favor-. En el ámbito tecnológico es palpable pero lo tecnografico no hace a los estudiantes mas profesionales. Nosotros nos servimos con una universidad que no sea vulnerable a la distancia y el dinero. Donde hagan prevalecer mas el saber hacer que el saber a secas. Demandamos mas prácticas y menos teoría, queremos ser auténticos doctores, maestros, psicólogos. Queremos defender a nuestra generación de un sistema carente de valores. Deben ver a cada alumno como una persona inquieta, curiosa, temerosa. El llegar a donde han llegado es fruto del esfuerzo mental contraído desde las escuelas e institutos. La universidad debe acercarles a una nueva forma de ver el mundo y querer cambiarlo, desde el ámbito escogido. Una forma en la que no existan muros de ningún tipo hacia la meta. Aunque, al finalizar los cuatro, cinco o seis años de carrera, no encontremos directamente el trabajado soñado; debemos acabar con la certeza de que somos los mejores profesionales que el mercado puede y podrá tener. Y todo ello, mirando hacia atrás y quedarnos sin ninguna duda de que nuestro paso por la facultad ha sido un paso fetén a la par que complejo. Pero siempre, concluyendo conque no ha sido fortuito.

Publicado por

Itziarperc

El Periodismo es el oficio mas bonito del mundo. Y yo quiero formar parte de esa maravilla, comunicar.

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